Una campanada cada minuto durante 96 minutos -uno por cada año que vivió la reina Isabel II- marcaba la cuenta atrás para el inicio del último adiós a la soberana, que murió el 8 de septiembre. Era el único sonido, junto a las solemnes notas del órgano, que se escuchaba la mañana de este lunes en el interior de la Abadía de Westminster, donde 2.000 invitados, apretados en sus asientos, aguardaban con un respetuoso silencio la llegada del ataúd. Presidentes y reyes, príncipes y primeros ministros de todo el mundo, así como políticos y miembros de los servicios de emergencia británicos fueron llegando, sin prisa pero sin pausa, a la iglesia que coronó a la monarca hace 70 años. Afuera, más de un millón de personas se agolpaban por toda la ruta que seguirá el cortejo fúnebre mientras otras 4.000 millones de personas se conectaban para seguir el funeral del siglo