Miles de danzarines, músicos y espectadores participan en la peregrinación folclórica que forma parte del Carnaval de Oruro, declarado Obra Maestra y Patrimonio de la Humanidad, que busca resaltar el atractivo y valor patrimonial de decenas de danzas típicas bolivianas.

Este gran desfile, que refleja las costumbres nativas mezcladas con el catolicismo, comenzó en el norte de la ciudad boliviana de Oruro, situada en el occidente altiplánico de Bolivia, y recorrió las principales calles hasta finalizar en el Santuario de la Virgen del Socavón.

El recorrido se organizó por grandes bloques de fraternidades conformadas por cientos de bailarines, cada una dedicada a exhibir los ritmos, pasos y vestimenta típica de danzas como caporales, morenada, diabla, tinku, saya y tobas, entre las más relevantes.

Teresa Leal, una ciudadana argentina que llegó por segunda vez al Carnaval de Oruro, dijo a EFE que lo que rescata de la entrada folclórica es la devoción que demuestran los bailarines a la Virgen del Socavón, lo que consideró hace «diferente» a esta manifestación cultural.

«En una promesa que le hice a la Virgen, le dije que tres años quiero estar acá, al año quiero volver», mencionó Leal.

Justamente, cada fraternidad concluye su demostración en el Santuario del Socavón y a los pies de la Virgen como signo de respeto, mientras que los más creyentes ingresan al templo de rodillas para después elevar algunas plegarias.

Y es que en esta ocasión, el Carnaval de Oruro ha estado marcado por el ímpetu de resaltar el origen boliviano de las danzas que se muestran en este gran desfile, pero que en los últimos años han traspasado las fronteras del país y forman parte de celebraciones en el sur de Perú y el norte de Chile.