Una de las tareas más difíciles para la FIFA y el país anfitrión de una Copa del Mundo es alojar a los millones de fanáticos que viajan a apoyar a sus selecciones. Además de hoteles y departamentos, el comité organizador encargó la construcción de “Fan Villages” (pueblos de aficionados) para intentar que nadie se quede afuera. Entre las alternativas más elegidas se encuentran las carpas en el norte de Doha. Dormir a metros del mar alejado de los ruidos de la ciudad suena como un sueño hecho realidad. Sin embargo, lo que podía presentarse como una aventura se convirtió en una pesadilla para los fanáticos. “Es un campo de refugiados”, repiten los huéspedes del Qetaifan Island Fan Village, ubicado a unos seis kilómetros del imponente Estadio Lusail. Infobae recorrió a fondo el camping y conversó con algunos de los miles de turistas que se alojan allí. “Vergüenza”, “desastre”, un robo”, fueron las respuestas más escuchadas.

Llegar allí ya no es una tarea fácil. No hay transporte público directo y por eso lo mejor es tomar un minibús privado desde la estación Qatar University. Aquí quienes tienen la Hayya Card (una especie de Visa para ingresar a Qatar) pueden viajar gratis en transporte público. Sin embargo, en este caso no lo es: el ticket cuesta 14 riales qataríes (unos 4 dólares). La otra alternativa es llegar en Uber.

El campamento está dividido en tres sectores de 600 carpas. Cada una cuenta con dos camas, una mesita de luz con una lámpara, una zapatilla para enchufar y un ventilador de pie. Todas se pueden cerrar con candado. El servicio también incluye desayuno, conexión wifi y cambio de sábanas cada cuatro o cinco días. Además hay baños y duchas compartidas fuera de las carpas y un pequeño almacén para hacer compras básicas. El precio por noche es de 200 dólares. No está nada mal en comparación con lo que cuestan los hoteles y departamentos, pero las quejas residen en la calidad del servicio.

“Pagás 200 dólares la noche y te morís de calor. A las 5.30/6 de la mañana ya estás despierto por la luz”, cuenta Nicolás, un argentino que pasó por el Fan Village. “Por lo que cuesta podrían ponerte cortinas blackout”, agrega Sebastián, otro argentino que comparte carpa con su hermano.

“Apenas sale el sol me voy y vuelvo cuando baja. Durante el día no se puede estar. Es como el desierto”, detalla una iraní que quiso abandonar el campamento a los pocos días de haber llegado pero no pudo porque ya había hecho una reserva por varias noches. Compatriotas suyos en una carpa cercana también se quejan del servicio, pero destacan la convivencia. “Es lindo estar con otros iraníes”, afirma uno de ellos.