TRUMP CONFIRMO LA CAPTURA DE NICOLÁS MADURO

La relación entre Estados Unidos y Venezuela entró este sábado en su punto más crítico en décadas, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores, tras una operación militar ejecutada durante la madrugada en territorio venezolano.

El anuncio, difundido inicialmente por Trump a través de su plataforma Truth Social, sostiene que el jefe de Estado venezolano y su esposa fueron detenidos y trasladados fuera del país luego de una ofensiva “a gran escala”, coordinada con agencias de seguridad estadounidenses. El mandatario norteamericano calificó la operación como “un éxito total” y adelantó que ofrecerá mayores detalles en una conferencia de prensa desde Palm Beach, Florida.

En Caracas, la información generó desconcierto e incertidumbre. La vicepresidenta Delcy Rodríguez aseguró que el Gobierno venezolano desconoce el paradero de Maduro y de la primera dama, y exigió a Washington la presentación inmediata de una prueba de vida que confirme su situación. Al mismo tiempo, el Ejecutivo denunció lo ocurrido como una “agresión militar directa” contra la soberanía nacional.

La ofensiva militar incluyó una serie de ataques aéreos contra Caracas y zonas estratégicas de los estados Aragua y La Guaira. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino, confirmó impactos contra el complejo militar de Fuerte Tiuna y denunció el uso de helicópteros de combate. Medios locales reportaron además bombardeos en instalaciones militares y de comunicaciones, así como en infraestructuras clave como el puerto de La Guaira y el aeropuerto de Higuerote. Hasta el momento, no se ha informado oficialmente sobre víctimas.

La operación estadounidense se produce tras meses de creciente tensión entre ambos países. En ese período, Washington reforzó su presencia militar en el Caribe, incautó embarcaciones petroleras vinculadas a Venezuela y endureció su discurso contra el gobierno chavista, al que acusa de estar vinculado al narcotráfico y a redes criminales internacionales.

El desenlace resulta especialmente llamativo por el contraste con los gestos diplomáticos registrados apenas días atrás. El pasado 31 de diciembre, Maduro había difundido imágenes de una reunión en Caracas con el enviado especial estadounidense Richard Grenell, encuentro que el Gobierno venezolano presentó como el inicio de una “Agenda Cero” para recomponer relaciones bilaterales tras años de confrontación.

Según la versión oficial, en esas conversaciones se abordaron temas como migración, sanciones económicas, ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela y el funcionamiento del sistema político. Grenell también sostuvo reuniones con autoridades clave del chavismo, lo que alimentó la expectativa de un posible giro en la relación con Washington.

Sin embargo, mientras Caracas hablaba de diálogo, la administración Trump avanzaba en una estrategia de presión militar. La madrugada del 3 de enero marcó el quiebre definitivo: ataques aéreos, operaciones terrestres y el anuncio de la captura del presidente venezolano, sin que hasta ahora se conozcan detalles sobre su lugar de detención o su destino final.

Tras el anuncio, el Gobierno venezolano decretó el estado de emergencia y advirtió que no reconocerá ninguna acción impulsada por fuerzas extranjeras. Desde Washington, en cambio, altos funcionarios señalaron que Maduro enfrentará procesos judiciales en Estados Unidos, dejando claro que la vía diplomática quedó desplazada por una ofensiva de carácter militar y judicial.

En menos de 48 horas, el escenario pasó de un intento de acercamiento a una confrontación abierta. La captura anunciada de Maduro no solo redefine el tablero político venezolano, sino que abre una crisis regional de gran magnitud, con consecuencias imprevisibles en el plano político, jurídico y humanitario para América Latina.