El departamento concentra el mayor volumen de hoja de coca comercializada legalmente en Bolivia, mientras en Santa Cruz el producto también ha evolucionado en su presentación, formas de consumo y estrategias de venta. La polémica por unas fotografías en la Manzana Uno vuelve a poner el tema bajo la mirada pública.

La hoja de coca forma parte de la historia y de las tradiciones de Bolivia, pero en Santa Cruz su presencia ha adquirido una dimensión particular. El departamento se ha convertido en el principal destino de la hoja de coca comercializada legalmente en el país, una realidad que contrasta con la polémica que recientemente se generó por unas fotografías sobre esta planta exhibidas en la Manzana Uno.

La controversia surgió cuando algunas personas dañaron con pintura en aerosol fotografías que eran parte de una exposición artística en inmediaciones de la Plaza 24 de Septiembre. Las imágenes mostraban escenas relacionadas con la hoja de coca y su comercialización, provocando reacciones de rechazo.

El episodio abrió nuevamente la discusión sobre la presencia de la coca en Santa Cruz y sobre la percepción que existe alrededor de su consumo. Mientras algunos cuestionan que estas imágenes sean exhibidas en un espacio público y cultural, la realidad comercial muestra que la hoja de coca tiene una presencia visible en diferentes sectores de la ciudad.

SANTA CRUZ CONCENTRA EL MAYOR VOLUMEN COMERCIALIZADO

Según el informe de monitoreo de cultivos de coca correspondiente a 2024, elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), con información de la Dirección General de la Hoja de Coca e Industrialización (DIGCOIN), en Bolivia se comercializaron 29.636 toneladas métricas de hoja de coca en los mercados autorizados.

De ese total, 10.884 toneladas tuvieron como destino Santa Cruz, equivalente al 37% del volumen nacional, convirtiendo al departamento en el principal destino de comercialización.

Le siguen Tarija, con 5.058 toneladas; Cochabamba, con 4.291; Potosí, con 3.626; Oruro, con 2.069; Beni, con 1.566; Chuquisaca, con 1.140; La Paz, con 767; y Pando, con 235 toneladas.

La cifra permite dimensionar el tamaño del mercado cruceño. Sin embargo, existe una diferencia que debe hacerse al momento de hablar de consumo: las 10.884 toneladas corresponden a coca comercializada con destino al departamento, por lo que no significa que todo ese volumen haya sido consumido directamente por la población.

Aun así, el dato coloca a Santa Cruz como el principal mercado departamental de la hoja de coca comercializada legalmente en Bolivia.

UN MERCADO QUE VIENE CRECIENDO

El fenómeno no apareció de la noche a la mañana. Los registros muestran que en 2014 Santa Cruz recibió alrededor de 7.628 toneladas de hoja de coca comercializada. Una década después, el volumen llegó a 10.884 toneladas.

Entre 2014 y 2024, el departamento acumuló aproximadamente 96.136 toneladas de hoja de coca comercializada, de acuerdo con el análisis de los registros disponibles.

Este movimiento también representa una importante actividad económica. Estimaciones basadas en estos registros calculan que durante esos 11 años el mercado de la hoja de coca en Santa Cruz movilizó alrededor de 922 millones de dólares.

LA COCA ESTÁ A LA VISTA: PUBLICIDAD Y UN NEGOCIO CON NUEVA IMAGEN

La presencia de este mercado puede observarse directamente en las calles de la capital cruceña.

La hoja de coca ya no se comercializa únicamente de manera tradicional. En Santa Cruz, algunos negocios han desarrollado una nueva imagen comercial, con establecimientos mejor acondicionados, personal uniformado, promotores y modelos encargados de ofrecer sus productos.

A esta estrategia se suma la publicidad de gran formato. Sobre la avenida Paraguá, cerca del cuarto anillo, se encuentra una enorme valla publicitaria que promociona productos elaborados con hoja de coca. En el anuncio se identifica una marca comercial y aparecen números telefónicos para quienes desean realizar sus compras.

La dimensión de este tipo de publicidad refleja que existe una importante inversión económica detrás del negocio. De manera referencial, una valla de estas características podría representar un gasto cercano a Bs 17.000, aunque el monto depende del tamaño, ubicación, estructura, impresión y tiempo de exposición.

Los comerciantes también recurren a las redes sociales y a influencers para promocionar sus productos y ampliar su alcance entre los consumidores.

SABORES, EMPAQUES Y NUEVAS FORMAS DE CONSUMIR COCA

La transformación también se encuentra en el propio producto. En Santa Cruz se comercializa la denominada coca machucada, presentada en diferentes formatos y sabores.

Algunas de estas presentaciones incluyen maracuyá, frutilla, banana, capuchino y otras variedades, además de productos a los que se incorporan café, bebidas energizantes y otros aditivos.

Incluso se encuentran presentaciones selladas al vacío, una modalidad que cambia la forma tradicional de ofrecer la hoja de coca.

Esta evolución no solamente modifica la presentación, sino también la manera de consumirla. Según testimonios recogidos para esta nota, este tipo de oferta tiene una presencia particularmente marcada en Santa Cruz y no se observa con la misma intensidad en ciudades como Sucre, Cochabamba o La Paz.

EL PRECIO TAMBIÉN CAMBIÓ

Otro aspecto que muestra la evolución del mercado es el precio.

Durante los últimos años se registraron importantes incrementos en el valor de la hoja de coca. En 2025 se reportaron precios de alrededor de Bs 50 por libra y posteriormente valores que llegaron hasta Bs 140, dependiendo de la calidad, procedencia y lugar de comercialización.

La variación de precios refleja también los cambios que ha experimentado el mercado y la demanda existente en diferentes regiones del país.

¿QUIÉNES PUEDEN VENDER COCA?

La comercialización legal de hoja de coca requiere autorización.

El registro para obtener el Carnet de Comercializador tiene una tasa oficial de Bs 1.500, mientras que la renovación tiene un costo de Bs 600.

A nivel nacional existen miles de comerciantes autorizados para la venta al detalle. Sin embargo, no existe un registro público actualizado que permita establecer con exactitud cuántos negocios dedicados a la comercialización de hoja de coca funcionan actualmente en Santa Cruz de la Sierra.

Este es uno de los aspectos que todavía requiere mayor fiscalización y transparencia para conocer la verdadera dimensión del negocio en la ciudad.

LA ENCUESTA QUE MATIZA EL DATO DEL CONSUMO

Aunque Santa Cruz concentra el mayor volumen de coca comercializada con destino departamental, no es correcto afirmar que las 10.884 toneladas corresponden directamente al consumo de los habitantes.

Una encuesta del Instituto Cruceño de Estadística estableció que el 69,2% de los adultos consultados declaró no haber consumido hoja de coca mediante mascado, acullico o pijchado durante los 12 meses anteriores.

Esto demuestra que comercialización y consumo directo son conceptos diferentes.

Santa Cruz puede ser el principal destino de la coca comercializada legalmente y, al mismo tiempo, presentar una población donde una mayoría declara no consumirla mediante las formas tradicionales.

LA POLÉMICA DE LA MANZANA UNO

En este contexto ocurrió la polémica de la Manzana Uno.

Las fotografías expuestas frente a la Plaza 24 de Septiembre mostraban precisamente una realidad vinculada con la hoja de coca que existe en la ciudad. Sin embargo, algunas personas consideraron ofensiva o inapropiada la exposición y terminaron dañando las imágenes con pintura en aerosol.

El hecho generó cuestionamientos sobre los límites de una exposición artística y sobre la manera en que la sociedad cruceña percibe la hoja de coca.

La controversia también puso sobre la mesa una aparente contradicción.

Mientras una fotografía que muestra la hoja de coca genera rechazo en pleno centro histórico, en otros sectores de Santa Cruz el mismo producto se comercializa, se promociona y ocupa espacios importantes de publicidad.

Y hay otro elemento que forma parte de esta discusión: quienes rechazaron las fotografías optaron por dañarlas, pero no necesariamente plantearon una alternativa para mostrar otra realidad de Santa Cruz. En lugar de proponer nuevas imágenes, otra exposición o una mirada diferente sobre la ciudad, la respuesta fue tachar o eliminar aquello que generó molestia.

La discusión, por tanto, no solamente pasa por estar de acuerdo o en desacuerdo con las fotografías, sino por cómo una sociedad enfrenta aquello que no quiere ver.

UNA DOBLE MORAL QUE ABRE EL DEBATE

La discusión sobre la hoja de coca en Santa Cruz no debería reducirse únicamente a los cuadros dañados.

La realidad es mucho más amplia.

Existe un mercado que mueve miles de toneladas, comerciantes autorizados, negocios especializados, productos con nuevas presentaciones, personal uniformado, promotores, modelos, influencers y grandes espacios publicitarios destinados a promocionar la hoja de coca.

Por eso, la polémica de la Plaza 24 de Septiembre terminó poniendo frente a frente dos realidades: la percepción social de la coca y la dimensión económica que tiene este producto en Santa Cruz.

Para algunos, la hoja de coca representa una tradición ancestral y una práctica cultural que merece respeto. Para otros, su creciente comercialización y las nuevas formas de consumo generan preocupación.

Pero es justamente en esa contradicción donde aparece la expresión “doble moral”.

Se cuestiona la hoja de coca cuando aparece representada en una fotografía, pero al mismo tiempo se acepta su presencia cuando aparece como un producto comercial, con empaques, sabores, uniformes, modelos, influencers y grandes vallas publicitarias destinadas a venderla.

Una fotografía puede generar escándalo, mientras una valla de grandes dimensiones permanece instalada en una avenida anunciando el producto.

La diferencia está en que una muestra una realidad y la otra intenta convertir esa realidad en una oportunidad de negocio.

UNA REALIDAD QUE NO SE PUEDE IGNORAR

Lo cierto es que las cifras oficiales muestran que Santa Cruz es el principal destino departamental de la hoja de coca comercializada legalmente en Bolivia.

Y la realidad de las calles muestra algo más: en Santa Cruz la hoja de coca no solamente se comercializa, sino que también ha cambiado su presentación, sus sabores, sus formas de consumo y sus estrategias para llegar al consumidor.

La polémica de Manzana Uno no creó este fenómeno. Las fotografías simplemente terminaron mostrando una parte de una realidad que ya está presente en la ciudad.

Por eso, el debate debería ir más allá del aerosol y de los cuadros dañados.

Si Santa Cruz es el principal mercado departamental de hoja de coca, si existen negocios que invierten en su imagen, si se promociona mediante grandes vallas y redes sociales y si incluso se han creado nuevas formas de presentación y consumo, entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué escandaliza tanto ver la hoja de coca en una fotografía?

La discusión queda abierta.

Porque quizás el verdadero debate no sea sobre una fotografía, sino sobre la relación que Santa Cruz mantiene con la hoja de coca: una ciudad que la cuestiona cuando la ve expuesta, pero que también la comercializa, la promociona y la convierte en un negocio visible en sus calles.