
Con la mirada puesta en el 19 de octubre, Bolivia vive la etapa final de una campaña electoral sin precedentes: la primera segunda vuelta presidencial desde la implementación de la Constitución de 2009. Los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga intensificaron sus cierres de campaña en distintas regiones, mostrando sus estrategias y prioridades de gobierno ante los ciudadanos.
En Santa Cruz, Paz y su compañero de fórmula, Edmand Lara, cerraron su campaña con un discurso enfocado en el desarrollo económico regional. El senador prometió impulsar un “capitalismo para todos” mediante créditos accesibles a emprendedores, reducción de impuestos y aranceles para tecnología y vehículos, y la distribución equitativa del presupuesto nacional entre las nueve regiones del país. Paz subrayó que su gestión buscará primero ordenar la economía y erradicar la corrupción, descartando recurrir a financiamiento externo.
Mientras tanto, en Cochabamba, Quiroga y su candidato a la vicepresidencia, Juan Pablo Velasco, destacaron la modernización del Estado y la recuperación de divisas como pilares de su propuesta. El exmandatario enfatizó la necesidad de acudir a organismos internacionales, como el FMI, para garantizar la estabilidad económica frente a la inflación y el desabastecimiento de combustibles, prometiendo que su gobierno traerá los dólares que la economía necesita.
Los últimos días de campaña servirán para consolidar apoyos y afianzar diferencias ideológicas entre ambos binomios, que representan no solo alternativas presidenciales, sino visiones opuestas sobre la economía y la política del país. Tras las elecciones del 17 de agosto, en las que ningún candidato alcanzó la mayoría necesaria, esta segunda vuelta definirá el rumbo de Bolivia para el período 2025-2030.
En un país marcado por desafíos económicos y sociales, la contienda entre Paz y Quiroga trasciende lo electoral: será un test de confianza ciudadana sobre cómo enfrentar la inflación, la falta de divisas y la modernización institucional, mientras se consolida por primera vez la elección de presidente y vicepresidente mediante un balotaje.







