El presidente sostuvo que la actividad económica comenzó a mejorar, pero advirtió que los conflictos sociales y las medidas de presión dificultan la recuperación. El mandatario aseguró que los 53 días de paro registrados durante el primer semestre provocaron un fuerte impacto en la población y la producción.

El presidente Rodrigo Paz afirmó este lunes que la economía boliviana presenta señales de recuperación, aunque reconoció que el escenario continúa condicionado por distintos factores que dificultan una mejora sostenida.

Durante una intervención pública, el mandatario apuntó principalmente contra los paros y bloqueos, a los que atribuyó parte de las dificultades que enfrenta el país. Según Paz, durante el primer semestre se registraron 53 días de paro, situación que —a su criterio— terminó afectando la actividad económica y a la población.

La economía se está recuperando, pero hay un cáncer, un lastre que nos está frenando”, afirmó el jefe de Estado.

Paz cuestionó que las medidas de presión sean utilizadas como mecanismo de confrontación política y sostuvo que sus consecuencias terminan alcanzando a trabajadores, productores, transportistas y consumidores.

“El parar mata, no sólo mata físicamente a la gente, mata económicamente al pueblo”, manifestó.

Una recuperación condicionada

La evaluación del Gobierno se produce en un contexto en el que la economía boliviana continúa enfrentando varios problemas estructurales.

Entre ellos se encuentran la escasez de dólares, la reducción de la producción de hidrocarburos, el incremento de la dependencia de combustibles importados y las dificultades fiscales que atraviesa el Estado.

La situación también se reflejó en el abastecimiento de diésel. Durante los últimos meses, las dificultades para garantizar el combustible generaron filas en las estaciones de servicio y reclamos de sectores productivos y del transporte.

Santa Cruz fue uno de los departamentos donde el problema adquirió especial relevancia debido al peso de su actividad agropecuaria, industrial y comercial. La disponibilidad de diésel resulta clave para las labores agrícolas, el transporte de productos y las campañas de producción.

Menor producción de hidrocarburos y falta de dólares

Más allá de los conflictos sociales, Bolivia enfrenta un problema económico de carácter estructural relacionado con la disminución de la producción de gas y petróleo.

La menor generación de hidrocarburos redujo el ingreso de divisas, mientras que la necesidad de importar combustibles incrementó la demanda de recursos externos.

Esta combinación contribuyó a la escasez de dólares que afecta a diferentes sectores de la economía y que, a su vez, presiona sobre los costos de productos, servicios y operaciones empresariales.

El escenario se suma a las restricciones fiscales que enfrenta el Estado, en medio de un elevado déficit y mayores dificultades para obtener financiamiento.

El impacto de los bloqueos

Paz sostuvo que los 53 días de paro registrados durante el primer semestre generaron un daño significativo para el país y advirtió que las interrupciones de las rutas afectan directamente a la producción y al comercio.

Los bloqueos pueden generar retrasos en el traslado de mercancías, mayores costos logísticos y dificultades para abastecer mercados, especialmente cuando se prolongan y afectan las principales carreteras nacionales.

Sin embargo, establecer el costo económico exacto de los 53 días de paro requeriría una medición específica que contemple variables como producción perdida, comercio, transporte, exportaciones y recaudación tributaria.

El desafío de sostener la mejora

El Gobierno plantea el segundo semestre como una etapa de recuperación y estabilización. No obstante, la evolución de la economía dependerá de varios factores que van más allá de la reducción de los conflictos sociales.

El comportamiento de la inflación, el crecimiento, el empleo, las reservas internacionales, la disponibilidad de dólares, el déficit fiscal, la inversión y el suministro de combustibles serán algunos de los indicadores que permitirán determinar si las señales de mejora mencionadas por el Gobierno logran consolidarse.

En este escenario, uno de los principales desafíos será traducir cualquier recuperación macroeconómica en mejores condiciones para las familias, empresas y sectores productivos del país.