
Los maestros urbanos, que ingresaron ayer a la semana nueve de protestas en diferentes puntos del país, ahora han optado por la crucifixión y el tapiado.
Comenzaron con huelgas de hambre, pero han decidido extremar medidas en La Paz, puesto que entienden que sus demandas no han sido cumplidas, tras distintos intentos de concertación con el ministro de Educación, Édgar Pary.
Ludbin Salazar, dirigente del oriente, manifestó que el objetivo es que el Gobierno se sensibilice. Incluso, según Erbol, dijo que están dispuestos a dar la vida por la causa, a la cual consideran justa.
El tapiado, la huelga de hambre y la crucifixión son determinaciones llevadas adelante por Salazar, Patricio Molina y Wilfredo Ajllahuanca.
En el Día del Trabajador, los tres ingresaron a habitáculos cerrados con ladrillos y cemento, de acuerdo con Erbol.
De momento no existen luces de posible acuerdo entre el sector movilizado y el Ministerio de Educación. Pary, a fines de marzo, acusó “tintes políticos” y sospechó el vínculo de personas implicadas con (según él) el “golpe” de 2019.
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