La comerciante Eudocia Fernández, conocida como “Doña Docha”, lleva 36 años dedicada a la venta de raspadillos y desde hace cuatro años reserva una hora de su jornada para agasajar gratuitamente a los estudiantes.
Una fila de estudiantes comenzó a formarse desde temprano en inmediaciones de la plaza del Cementerio. El motivo: esperar la tradicional hora de raspadillos gratuitos que cada año ofrece Eudocia Fernández, más conocida cariñosamente como Doña Docha, como una forma de celebrar el Día del Estudiante.
La iniciativa se realiza desde hace aproximadamente cuatro años y con el paso del tiempo se convirtió en una tradición esperada por los jóvenes y clientes habituales de este puesto, donde los raspadillos son parte del paisaje cotidiano de esta zona de Santa Cruz.
Doña Docha explicó que la actividad se desarrolla de 13:00 a 14:00, periodo en el que los estudiantes pueden acercarse y recibir un raspadillo sin costo. La comerciante destacó que la iniciativa nació simplemente con la intención de compartir y agasajar a los jóvenes en una fecha especial.
“Hace cuatro años que empecé regalando y ya se hizo una tradición. Esto no tiene que perderse, porque invitar no pasa nada”, señaló.
36 años detrás del tradicional puesto
La historia de Doña Docha está ligada a varias décadas de trabajo. La comerciante lleva 36 años dedicada a la venta de raspadillos, actividad que se convirtió en parte de su vida y también en un emprendimiento familiar.
Durante varios años estuvo acompañada por sus nietos, quienes desde pequeños ayudaban en el puesto mientras estudiaban. Actualmente, muchos de ellos cursan la universidad y ya no disponen del mismo tiempo para acompañarla, pero el vínculo familiar con el negocio permanece.
“Ahí trabajo yo con mis nietos. Toda la vida he trabajado con mis nietos”, relató.
Su puesto también conserva una clientela fiel que llega hasta el lugar para buscar los sabores tradicionales y saludar a la comerciante, quien asegura que muchas personas ya la conocen y mantienen el cariño por su trabajo.
Sabores y precios tradicionales
A pesar del paso de los años, Doña Docha decidió mantener los precios que caracterizan a su puesto. Los raspadillos se comercializan a Bs 5, Bs 8 y Bs 10, dependiendo de la presentación.
Entre los sabores disponibles están la leche, grosella, menta, maracuyá y limón. Según la comerciante, algunos sabores tradicionales continúan siendo los preferidos de sus clientes, mientras que el maracuyá y el limón también tienen una importante demanda.
La jornada dedicada a los estudiantes se convierte así en un momento diferente para el puesto, que durante una hora deja de lado la venta habitual para compartir gratuitamente con quienes llegan a celebrar su día.
Una tradición que busca conservarse
Para Doña Docha, mantener esta iniciativa es también una forma de conservar las costumbres cruceñas y transmitirlas a las nuevas generaciones.
La comerciante invitó a los estudiantes y a la población a acercarse a su puesto y participar de esta actividad, además de enviar un saludo a Santa Cruz durante el mes aniversario del departamento.
La celebración refleja cómo pequeños emprendimientos y gestos de solidaridad pueden convertirse en tradiciones que permanecen en el tiempo. En este caso, un raspadillo servido con cariño se transformó en una manera particular de Doña Docha para agasajar a los estudiantes y mantener el vínculo con sus clientes y con la ciudad.
