Por Martin Moreira
Forma parte de la red de Economía Política Boliviana

𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒆𝒔𝒆𝒍𝒂𝒛𝒐 𝒏𝒐 𝒄𝒂𝒚𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒆𝒍𝒐 𝒏𝒊 𝒂𝒑𝒂𝒓𝒆𝒄𝒊𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒓𝒕𝒆 𝒅𝒆 𝒎𝒂𝒈𝒊𝒂 𝑳𝒍𝒆𝒈𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒇𝒂𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒔𝒆𝒍𝒍𝒐 𝒚 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒂𝒕𝒂𝒓𝒊𝒐 𝒆𝒍 𝒑𝒖𝒆𝒃𝒍𝒐 𝒃𝒐𝒍𝒊𝒗𝒊𝒂𝒏𝒐 𝑫𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒎𝒆𝒔𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒄𝒖𝒓𝒔𝒐𝒔 𝒔𝒐𝒃𝒓𝒆 𝒆𝒇𝒊𝒄𝒊𝒆𝒏𝒄𝒊𝒂 𝒍𝒊𝒃𝒆𝒓𝒕𝒂𝒅 𝒚 𝒖𝒏 𝑬𝒔𝒕𝒂𝒅𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒖𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒆𝒓𝒂 𝒍𝒂 𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒑𝒊𝒆𝒅𝒓𝒂 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒛𝒂𝒑𝒂𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒂𝒊𝒔 𝒂𝒉𝒐𝒓𝒂 𝒏𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒆𝒏𝒕𝒂𝒏 𝒍𝒂 𝒄𝒖𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒃𝒖𝒔𝒕𝒊𝒃𝒍𝒆 𝒎𝒂𝒔 𝒄𝒂𝒓𝒐 𝒂𝒋𝒖𝒔𝒕𝒆 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒍𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒃𝒂𝒋𝒐 𝒚 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒐𝒎𝒆𝒔𝒂 𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒍𝒈𝒖𝒏 𝒅𝒊𝒂 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏 𝒔𝒂𝒃𝒆 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒐𝒔 𝒔𝒂𝒄𝒓𝒊𝒇𝒊𝒄𝒊𝒐𝒔 𝒔𝒆 𝒄𝒐𝒏𝒗𝒆𝒓𝒕𝒊𝒓𝒂𝒏 𝒆𝒏 𝒃𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓 𝑸𝒖𝒆 𝒄𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒐 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒎𝒊𝒍𝒍𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒊𝒆𝒎𝒑𝒓𝒆 𝒉𝒂𝒚 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒔𝒂𝒃𝒆𝒏 𝒅𝒐𝒏𝒅𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒓𝒍𝒐𝒔 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒍𝒆𝒈𝒂 𝒍𝒂 𝒉𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒑𝒂𝒈𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒄𝒖𝒆𝒏𝒕𝒂 𝒕𝒆𝒓𝒎𝒊𝒏𝒂 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒃𝒐𝒍𝒔𝒊𝒍𝒍𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒕𝒓𝒂𝒃𝒂𝒋𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒀 𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒓𝒂𝒔 𝒏𝒐𝒔 𝒆𝒙𝒑𝒍𝒊𝒄𝒂𝒏 𝒒𝒖𝒆 𝒉𝒂𝒚 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒓𝒅𝒆𝒏𝒂𝒓 𝒍𝒂 𝒆𝒄𝒐𝒏𝒐𝒎𝒊𝒂 𝒆𝒍 𝑭𝑴𝑰 𝒂𝒑𝒂𝒓𝒆𝒄𝒆 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒆𝒍 𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒄𝒐𝒏 𝒎𝒊𝒍𝒍𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒅𝒐𝒍𝒂𝒓𝒆𝒔 𝒂𝒖𝒏𝒒𝒖𝒆 𝒄𝒐𝒏 𝒆𝒔𝒂 𝒄𝒖𝒓𝒊𝒐𝒔𝒂 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒖𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒅𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒏𝒄𝒊𝒆𝒓𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒆𝒓𝒐 𝒑𝒓𝒆𝒔𝒕𝒂𝒏 𝒚 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆𝒔 𝒅𝒊𝒄𝒆𝒏 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒅𝒆𝒃𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝑬𝒍 𝒅𝒊𝒆𝒔𝒆𝒍𝒂𝒛𝒐 𝒆𝒏𝒕𝒐𝒏𝒄𝒆𝒔 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒔𝒐𝒍𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒖𝒏 𝒂𝒖𝒎𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒆𝒄𝒊𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒎𝒃𝒖𝒔𝒕𝒊𝒃𝒍𝒆 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒆𝒓𝒂 𝒔𝒆𝒏𝒂𝒍 𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏 𝒑𝒂𝒈𝒂𝒓𝒂 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒋𝒖𝒔𝒕𝒆 𝒚 𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏𝒆𝒔 𝒆𝒔𝒑𝒆𝒓𝒂𝒏 𝒔𝒂𝒍𝒊𝒓 𝒈𝒂𝒏𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒕𝒆𝒓𝒎𝒊𝒏𝒆𝒏 𝒅𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒎𝒐𝒏𝒕𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝑬𝒔𝒕𝒂𝒅𝒐 𝑳𝒂 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒂 𝒚𝒂 𝒏𝒐 𝒆𝒔 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒕𝒐 𝒏𝒐𝒔 𝒗𝒂 𝒂 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒅𝒊𝒆𝒔𝒆𝒍 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒆𝒈𝒖𝒏𝒕𝒂 𝒆𝒔 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒕𝒐 𝒏𝒐𝒔 𝒗𝒂 𝒂 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒂𝒓 𝒆𝒍 𝒄𝒖𝒆𝒏𝒕𝒐.

Podemos escuchar y decir miles de cosas en los medios de comunicación, pero la verdad es que todo este tiempo nos fabricaron una trampa perfecta para decir que el Estado es un lastre, una piedra pesada y que los bolivianos no servimos para administrarlo. Y, en el proceso, algunos se fueron haciendo millonarios.
Cada día trataron, por todos los medios, de instalar esa idea para que Rodrigo Paz pueda descomponer y diseccionar el Estado y, en el proceso, hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Rodrigo Paz, el del antifaz, acompañado por su comitiva de la nobleza, sobre la que recaen denuncias de corrupción, nos prometió un cambio y nos hablaron de un “gobierno cloaca”, pero la verdadera cloaca se fue destapando paulatinamente durante estos 11 meses de gobierno, donde, en apenas 90 días de estado de sitio, se han conocido escándalos de corrupción que, por su magnitud y gravedad, recuerdan a los registrados durante el gobierno de Jeanine Áñez.

Siempre Rodrigo supo que donde hay plata es en YPFB y lo supo utilizar, acompañado de sus colaboradores, en el descalabro de las instituciones del país. Arrancó con Medinaceli y Akli: uno está con detención domiciliaria en su mansión y el otro en Miami, tomando piñas coladas, después de hacer ganar millones a sus colaboradores, entre ellos Cerimedo.

Nos vendieron gasolina basura y la gravedad de eso se terminó materializando con más de 1,7 millones de autos en talleres mecánicos, mientras compraban gasolina con altos niveles de goma, de hasta 38,8 miligramos por cada 100 mililitros. El costo era menor en 30 centavos de dólar y, multiplicado por millones de litros, se convertía en una ganancia millonaria para los amigos del poder.

A esto se suma el supuesto sobreprecio en la importación con los traders Vitol y Trafigura, que, al final del primer semestre, según se denunció, terminó dejando una deuda de más de 1.400 millones de dólares, mientras este gobierno no había pagado un peso por la importación de carburantes. Por eso, la pregunta es inevitable: ¿nos daban combustible de mala calidad mientras alguien se quedaba con la diferencia?
Ahora viene el dieselazo, que es el agradecimiento a los 1.900 millones de dólares que nos da la parca de la economía boliviana, el Fondo Monetario Internacional (FMI), un dinero que nos está costando nuestra independencia económica y que nos está hipotecando el futuro de nuestros hijos, que ya deben 9.000 dólares y ven su futuro empeñado.

Y el ajuste, como siempre, empieza por los más vulnerables, por los trabajadores, quienes ven cómo se escurre entre sus manos el dinero producto de su trabajo, mientras empresarios, cooperativistas, banqueros y exportadores siguen beneficiándose del ajuste. Porque cuando llega la hora de pagar la factura, la cuenta parece tener siempre los mismos destinatarios: los que menos tienen y los que viven de su trabajo.
“El problema fundamental del ajuste ciego es que los que pagan la factura casi nunca son los que ordenaron la cena” (Mark Blyth). Y eso está pasando en nuestro país, donde vemos cómo nuestros jóvenes se inscriben a bandas delincuenciales a vista y paciencia de los que ordenaron el estado de sitio, que solo sirve para reprimir al hambriento, al trabajador que reclama días justos y al que acusan de terrorista.
Peor aún, en Bolivia Rodrigo Paz y sus colaboradores te acusan de narcoterrorista, mientras que las verdaderas bandas delincuenciales, como las del narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando, viven sin represión de la autoridad. ¿Por qué será? ¿Será que pagan su diezmo al poder, como los lingotes que estaban saliendo de Viru Viru y la mula estuvo días en la cárcel y salió impune porque era amiga de la hija del mitómano? ¿O el caso de Paola Rojas, la mula de los cien millones de dólares que entraban de manera ilegal? ¿O el del presunto asesor del gobierno, Cerimedo, el hombre que ganaba en el Estado boliviano 1 millón de dólares por robar, encubrir y corromper las instituciones bolivianas conjuntamente con grupos de delincuentes llamados funcionarios públicos?
Porque el ajuste no fue por igual. ¿Por qué nos ajustan siempre a los más pobres y nos piden que aguantemos el hambre de nuestros hijos? ¿Y por qué siempre que la muerte se asoma a un país viene de la mano del FMI, la parca de las economías del mundo y la destrucción de la soberanía, con verdes de dolor y amargura?
¿Por qué no les subieron el impuesto a las cooperativas mineras que ya tienen sociedades con transnacionales que se sacan impunemente el oro de nuestro país, por lo menos un 25%, de los cuales el Estado tendría en las arcas del Banco Central de Bolivia unos 800 millones de dólares anuales? Y a las cooperativas auríferas que estén contrabandeando oro, ¿por qué no se les quitan sus cuadrados de explotación de oro para Comibol?
¿Por qué no pedirles a los bancos que paguen un impuesto por el ajuste de un 16% de sus utilidades, ya que la banca por año gana 45% de utilidades? Es decir, en 2 años y 3 meses tendrían un banco nuevo.
¿Por qué no se les cobra a los exportadores un impuesto a la exportación de un 13% para los que traen dólares al país y, para los que los especulan en el exterior, un impuesto de 25%?
¿Por qué no se les sube el impuesto a la tierra a los que pagan montos basados en cuotas fijas por hectárea? Impuestos de 0,25%: subirles a 25 dólares por hectárea, sabiendo que una hectárea de soya produce 2,5 toneladas y que de cada hectárea recaudan alrededor de 1.500 dólares.
¿Por qué a los grandes millonarios no se les sube el impuesto a 10%, para que el ajuste sea real para todos por igual?
Con todo eso, el Estado llegaría fácilmente por año a más de 2.000 millones de dólares, lo que ahora se pretende ahorrar el Estado por no pagar la subvención del diésel. Y esperemos que esa plata no vaya a los cientos de Cerimedos que están gobernando.
¿Cómo creer al gobierno de Rodrigo Paz que el ahorro de matar de hambre a los más valiosos de un país, que es su gente, sus mujeres, sus niños y sus hombres, vaya a inversión en salud, educación e infraestructura, cuando el FMI, con el préstamo, impone y dicta reducción del déficit fiscal? En otras palabras, quitar la inversión pública.
Y esa es otra mentira del mitómano Paz, que ahora debe estar reunido con Akli en Estados Unidos, contando sus millones y sus aventuras de cómo saquearon a nuestro país.
La pregunta es: ¿ya necesitamos creer en las promesas de capitalismo para todos? Porque esa mentira no nos mantendrá. Basta con que no podamos imaginar una alternativa viable para que la desigualdad se profundice y lo único que queda sea alzar la voz.