Mientras haya una ley que permita el fuego y autoridades que la sancionen, con la complicidad de sectores productivos, poco o nada podremos hacer para evitar la quema de los bosques. Considerar a los árboles como el pasto para el fuego, o como un estorbo visual o, increíblemente, como un reservorio natural para los incendios es demente. Pero eso ha pasado y pasa no solo en Bolivia, sino en muchas partes del mundo. Lo que nos compete como país es evitar estas malas prácticas políticas, porque por si no lo sabían las tierras quemadas en la Chiquitanía son ahora el premio para los pitufos y sus partidarios. Son aptas para el cultivo (de lo que sea) y ya no un bosque que debía preservarse a como diera lugar.







