La llegada del presidente Rodrigo Paz a Achacachi estuvo marcada por el rechazo de sectores sociales que, entre gritos y abucheos, expresaron su descontento por la crisis de combustibles que afecta al país.

El malestar ciudadano se centró en la calidad de la gasolina, tema que ha generado protestas en varios departamentos y que volvió a evidenciarse durante el acto público en la plaza principal. Frente a este escenario, el mandatario reconoció las falencias en la gestión estatal y defendió las decisiones asumidas para enfrentar el problema.

Entre las medidas, mencionó la reestructuración en YPFB, tras la salida de Yussef Akly y la designación de Claudia Cronembold. Sin embargo, estos cambios no han logrado disipar las dudas sobre la calidad del carburante que circula en el mercado.

En paralelo, el Gobierno intenta contener el conflicto con el sector transporte mediante la devolución de recursos económicos, que ya alcanzan cerca de 9 millones de bolivianos, según informó el propio presidente.

Pese al clima adverso, la agenda oficial continuó con anuncios de inversión pública. Paz comprometió 20 millones de bolivianos para la construcción de puentes en la provincia Omasuyos, dejando en manos de las autoridades municipales la definición de las zonas prioritarias.

Asimismo, explicó que la paralización del sistema de alcantarillado en Achacachi responde a un litigio que se encuentra en el Tribunal Supremo de Justicia, por lo que la reactivación de la obra dependerá de un fallo judicial.

La visita presidencial dejó en evidencia la tensión social vigente y la presión sobre el Gobierno para dar respuestas concretas a una crisis que continúa sin resolverse.