En plena recta hacia la segunda vuelta electoral, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) recibió una propuesta que puede marcar el tono de los debates presidenciales y vicepresidenciales. El vocal Tahuichi Tahuchi Quispe solicitó formalmente a la Sala Plena que la activista y feminista María Galindo sea la moderadora de los encuentros programados para el 5 de octubre en La Paz y el 12 en Santa Cruz.

El pedido, plasmado en una carta dirigida al presidente interino del TSE, Óscar Hassenteufel, plantea que la participación de Galindo aportaría un enfoque “crítico e integrador” en contraste con los formatos más tradicionales en los que predominan periodistas o académicos.

De prosperar la propuesta, la segunda vuelta del 19 de octubre tendría un componente inédito: una moderación a cargo de una figura conocida por su estilo directo y confrontacional frente al poder político y económico, así como por su discurso feminista y su activismo social.

La idea ya despierta lecturas encontradas. Para algunos sectores, la inclusión de Galindo supondría una oportunidad de democratizar el debate, visibilizando voces y perspectivas generalmente ausentes de los escenarios institucionales. Para otros, la iniciativa genera dudas sobre la neutralidad necesaria para conducir un espacio que exige equilibrio entre los candidatos.

Más allá de las posiciones, lo cierto es que la decisión sobre quién moderará los debates no es un detalle menor. Se trata de un rol estratégico que puede incidir en la dinámica del intercambio, en la capacidad de los postulantes para exponer sus propuestas y en la percepción ciudadana sobre la transparencia del proceso electoral.

El TSE deberá resolver en los próximos días si acoge la propuesta de Quispe o si mantiene el esquema tradicional, en un momento en que el país aguarda con expectativa los debates que podrían definir el rumbo de la segunda vuelta.